"JUAN,
DE 9 AÑOS, llevaba una vida normal en el colegio, como la de cualquier niño de
su edad, pero un día todo cambió cuando varios compañeros lo condenaron a un
ritual vergonzoso: todos los días metían su maleta en el inodoro del baño sin
que nadie hiciera algo para impedirlo. Su desmotivación llego a tal punto, que
sufría sólo de pensar en ir a clase.
Sara, de 12 años, experimentaba sentimientos similares pero eran otras las
causas. Su correo electrónico empezó a llenarse de mensajes anónimos que eran
replicados a todas sus compañeras, en los que se burlaban e invitaban a no
meterse con ella por "sapa".
Se
trata de lo que en inglés es conocido como bullying y
que en español puede traducirse como matoneo escolar. Una conducta agresiva,
deliberada y repetitiva, destinada a provocar molestia en otro, que, frente a
otros tipos de violencia estudiantil, se caracteriza por ser sistemática y
porque generalmente es protagonizada por uno o más estudiantes en contra de
otro en particular, por lo común más vulnerable y débil aprovechándose de su
estado de indefensión. El abanico de agresiones es enorme, desde la simple
burla hasta el sometimiento moral y extorsivo, que obliga a la víctima a
satisfacer los caprichos, muchas veces humillantes, de los intimidadores.
¨Sin embargo y a sabiendas de que
cualquier esfuerzo es válido si se trata de contrarrestar el fenómeno, los
expertos consideran que la mejor forma de prevenir el matoneo es un hogar
sólido que dé seguridad, que se la brinde a los niños. "Un hogar donde
haya afecto, respeto por las diferencias y reglas claras de comportamiento.
Porque así como es difícil que un niño con afecto y altos niveles de autoestima
sucumba a las provocaciones de un matón, un niño criado sin atención, sin
afecto, con baja autoestima y sin límites claros, corre el riesgo de
convertirse en victimario".